TRASTORNOS QUE PUEDE TENER LOS NIÑOS POR “ENTRENARLOS” PARA IR AL BAÑO SIN QUE ESTÉN PREPARADOS FISIOLÓGICA Y EMOCIONALMENTE

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Querer enseñarles antes de tiempo a nuestros hijos no sólo es inútil, si no también les crea mucha angustia pues a ellos les encanta satisfacer a papá y mamá y se les está pidiendo algo que aunque ellos quisieran no podrían. Esta angustia acaba en estrés para ellos y en, llegado el momento, no llegar a controlar bien ir al baño.

Hay que recordar que antes de enseñar a controlar esfínter el niño tiene que llegar a una madurez fisiológica y emocional para poder aprender las indicaciones que le darán sus padres o educadores.

La edad “ideal” para dejar los pañales es distinta para cada niño. Unos lo dejarán a los dos y medio, otros a los tres, otros a los tres y medio.

Lo normal y adecuado es RESPETAR el ritmo y maduración de cada niño y es tal vez lo que más nos cuesta a los padres. A veces, influenciados por las comparaciones que inevitablemente hacemos entre otros niños de su misma edad, o de los hijos de nuestros amigos, o de sus propios hermanos mayores.

Una vez se empieza con el proceso de aprendizaje, pueden pasar entre 3 meses y 12 meses hasta que el niño adquiera independencia para ir solo al lavabo durante el día.

Hay que subrayar que acelerar el proceso puede tener consecuencias catastróficas, como las que a continuación vamos a mencionar.

Los niños que no han sido respetados en este proceso presentan, en algunos, casos estos tipos de problemas: enuresis, infección urinaria, disfunción miccional, constipación, encopresis y la negativa a ir al baño con más frecuencia.

En este post veremos por ahora solo 3.

– ENCOPRESIS RETENTIVA INFANTIL

La encopresis es un estreñimiento llevado a larga evolución, y es cierto que muchos niños a los que se le obliga a abandonar pronto el pañal, comienzan con estreñimiento funcional.  El estreñimiento funcional aparece por estímulo doloroso que genera miedo. El miedo genera retención, y la retención estreñimiento, heces secas y duras retenidas y voluminosas. La retención mantenida, aumenta el tamaño del recto y altera la recepción del estado de llenado, es decir necesitan cada vez más heces para sentir que tienen ganas. Llega un momento que el recto esta tan distendido, que hacen popó por rebosamiento. Ésta es la encopresis: manchan la ropa interior continuamente, no hacen deposiciones completas. Esta tema es muy complejo: dejo esta bibliografía para más información y también una imagen pasa su orientación

http://www.sepeap.org/wp-content/uploads/2014/02/Ps_inf_trastornos_eliminacion_enuresis_encopresis.pdf

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– ENURESIS INFANTIL

Cuando el niño o niña se orina encima de forma involuntaria a una edad que se supone debería ya controlar se dice tiene enuresis.

Habitualmente suele ser enuresis nocturna, es decir, hacerse pipí en la cama ya que durante el día suelen controlar la micción sin problemas.

Este tema suele preocupar mucho a los padres pues genera frustración, preocupación, trastorno de lavar ropa, sábana, protector y se suele convertir en tema de conversación diario con el hijo/a. Es como si sólo importara si amanece con la cama seca o mojada.

¿Qué pasa con el niño? ¿Cómo lo vive él o ella? Lo vive con bastante desorientación, exigencia, frustración pues seguramente se le está pidiendo algo para lo que aún no está preparado.

En la mayoría de casos, y hablando en términos generales, se suele sacar el pañal demasiado pronto. El control de esfínteres no es algo que se aprende por repetición. Se adquiere de forma natural cuando se está listo, al igual que pasa con el caminar o el lenguaje verbal.

Cuando el niño o niña está lo suficientemente maduro puede reconocer que tiene la vejiga llena, retener la micción y esperar hasta llegar al baño. En definitiva está en condiciones de controlar con autonomía los esfínteres.

¿Cuándo está el niño/a maduro/a para hacerse cargo de sus ganas de ir al baño?

Actualmente se suele aconsejar quitar los pañales alrededor de los dos años. Muchas guarderías aconsejan a los padres que durante el verano aprovechen para quitarle el pañal a su hijo para así empezar el nuevo curso sin pañal, pues ya tendrá dos años (o un poco más) y ya toca.

¿Ya toca? ¿Y qué pasa con el niño o niña? ¿Están preparados?

Hay peques que lo están a los 2 años y medio, otros a los 3, otros a los 3 años y 4 meses, otros a los 4 años, etc.

Como se les ha quitado el pañal antes de tiempo, no están listos de forma natural para controlar el pis y se genera un problema alrededor del tema: ansiedades, enfados, agobios por parte de los padres y del peque.

Laura Gutman, psicoterapeuta familiar y psicopedagoga clínica relata en su libro “La maternidad y el encuentro con la propia sombra” que la mayoría de casos sobre enuresis en niños de 5 a 8 años que le han llegado a su consulta, los ha solucionado de una forma bien simple: volver a ponerles pañales durante la noche. El resultado ha sido que los niños usan de nuevo el pañal el mismo lapso de tiempo que habrían necesitado desde el momento en que se los quitaron hasta que hubieran podido controlar esfínteres de manera natural. Es decir, que si le quitaron el pañal a los 2 años y la niña hubiera estado lista a los 3, lleva pañal de nuevo durante un año y después de forma natural se soluciona “el problema”. Es como si recuperaran exactamente el mismo tiempo que les fue quitado.

Es una manera muy sabia de subsanar la exigencia por parte de los adultos en querer que nuestros hijos maduren antes de tiempo. Es una manera de solucionarlo sin generar ansiedad, enfados, frustración en la familia: “no te preocupes cariño, cuando estés listo podrás darte cuenta de cuándo tienes ganas de hacer pipí por la noche, mientras tanto usa de nuevo este pañal para que no te mojes ni incomodes”.

El control de esfínteres es lento, como todos los procesos de la educación, de la crianza. Los niños hacen grandes esfuerzos para controlar su pipí para satisfacer a papá y mamá porque en la guardería y en casa le dicen que ya toca.

– DISFUNCIÓN MICCIONAL

Se trata de una patología poco diagnosticada, que se define como una alteración en la fase de vaciamiento al orinar. Es un trastorno urinario, caracterizado por una contracción involuntaria del esfínter o de la musculatura del piso pélvico durante la micción. Esta condición se da principalmente en niños, Además, por lo general es más frecuente en las niñas

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CONTROL DE ESFÍNTERES POR EL MÉTODO MONTESSORI

Hasta el momento no he leído nada escrito por María Montessori con respecto al control de esfínter pero creo yo que se podrían realizar algunas reinterpretaciones y a continuación  voy a exponer la mía…

Según Montessori, los niños aprenden solos y  nuestra función como padres se resume en respetarlos como las personas que son y facilitarles un ambiente preparado en el que desarrollen su potencial. Si extrapolamos los principios del método al control de esfínteres, necesitaremos facilitarle el acceso al baño y respetar su dignidad y sus tiempos.

Es decir NO se entrena al niño para que deje el pañal, con métodos basados en premios y castigos para que el niño cese en un comportamiento determinado (usar pañal), sino que se procura propiciar el ambiente adecuado para que el niño tome conciencia de cómo controlar las funciones de su cuerpo.

Y como crear un ambiente preparado?

1 -Observa  a tu hijo y adáptate al periodo sensible en el que se encuentra el niño.

Muchos niños empiezan a forcejear durante el cambio de pañal a partir del año-año y medio ¡o incluso antes! En ocasiones es simplemente para jugar con nosotros, pero a veces oponen una verdadera resistencia a permanecer acostados y poder cambiarlos. Hacer esta actividad de pie y frente a un espejo (solo si el niño lo desea) le ayuda a que sea consciente del proceso que esta viviendo.

El niño es el protagonista, nosotros somos sus meros asistentes en lo que él no pueda realizar, y permitirle que decida cómo, cuándo y con qué pañal cambiarle. Cuando le cambies el pañal, hazlo participe, pídele que elija su preferido y muéstrale la diferencia entre seco y mojado y muéstrale como tiramos la popó porque ya no la necesitamos. Enséñale también a lavarse las manos y lo importante que es hacerlo cada vez que usemos el baño. Pronto empezará a hacerlo él también.

2 – Enséñale a hacerlo sin tu ayuda.

Cuando observes que ha comenzado un periodo sensible, compra con tu hijo calzoncitos, hazlo participe y que él o ella las elija y muéstrale como quitárselas y ponérselas solos. En un momento decidirán que quieren usarlas, ¡cuando él/ella lo decidan y no antes!. Aunque no controlen aún esfínteres, el hecho de poder quitarse unas y ponerse otras  sin ayuda de nadie ya es un paso enorme en su autonomía. Repito, sólo si el niño quiere.

La percepción del niño sobre el proceso de evacuar es mucho más vívida con los calzoncitos de tela  que con los calzoncitos desechables, que son tan buenos que absorben toda la humedad en un instante. No es que maduren más rápido los niños que usan tela, es más bien que en el momento en el que empieza el periodo sensible, lo tienen más fácil para relacionarlo que usando desechables.

3- Crea un “ambiente preparado” en el baño.

Prepara el baño de forma accesible, una nica o reductor con banquito y permite que pase contigo para ver lo que estés haciendo. (dejo una imágenes de ambientes preparados).

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Los pequeñines aprenden por imitación + motivación.  Deja a su alcance ropa limpia  y calzoncitos, para que pueda quitárselas y ponérselas él/ella solos, también un cesto para dejar la ropa mojada o un fácil acceso a la lavadora, la piden poner juntos y eso es una doble enseñanza.

4 – No uses premios, ni mucho menos castigos. El error es el motor del aprendizaje

En Montessori no se usan ni los premios ni los castigos, no sólo se considera que el niño y su dignidad están por encima de este tipo de prácticas, sino que además están directamente relacionados con el resultado y no con el desarrollo del proceso. En Montessori equivocarse no es algo a evitar, todo lo contrario, sirve para mejorar, para dominar el proceso.

Los métodos conductistas puede que funcionen en un periodo corto de tiempo, pero no favorecen ni la autonomía, ni la concepción que tiene de ellos mismos: Este tipo de prácticas generan una cierta dependencia hacia nosotros pues se traslada la expectativa interna del niño (ser independiente y autónomo) a una expectativa de los padres (los niños siempre quieren agradarnos y hacernos felices).

5- Sigue al niño.

Él te dirá como, cuando y de qué manera quiere dejar el pañal, es su proceso, no el tuyo. Tú sólo puedes acompañarlo. Si por circunstancias ajenas a vuestra voluntad tienes que acelerar el proceso, dosis extra de mimos y compresión durante su acompañamiento y sobre todo, la máxima flexibilidad que puedas darle. Acelerar el proceso puede tener consecuencias. (Lo platicaremos más delante)

Como pueden ver el proceso respeta totalmente los tiempos de los niños. No se trata de ser un reloj despertador. Como padres, debemos observar los periodos sensibles y favorecer y propiciar un ambiente preparado para que aprendan lo que necesitan en ese momento.

Siempre hay que respetarlo. Siempre y en todo caso. Incluso cuando cambian de opinión. El único mensaje que debemos transmitirle a nuestros hijos es “Te apoyo, estoy contigo”, nuestro amor incondicional es mucho más valioso que dejar antes o más tarde el pañal. Nosotros le pusimos su primer pañal, pero no podemos decidir cuándo ponerle el último. De hecho, no sé si conocéis la filosofía “higiene natural o comunicación de la eliminación” va más allá y nos hace reflexionar sobre que los pañales son un “invento” que ponemos a nuestros hijos por nuestra comodidad y por eso mismo debemos respetar sus tiempos lo más que podamos.

Un consejo final, disfrútenlo, observen la autonomía y determinación que tienen. Ellos deciden, y nosotros acompañamos.

The Baby B’s de la crianza con apego

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Birth bonding: se refiere a la importancia de la forma en que nacen los bebés y de esos primeros momentos de vida. El Dr. Sears aboga por un parto respetado, en el que toda la familia sea tenida en cuenta y donde no haya ningún tipo de maltrato o violencia. La idea es que la madre pueda tener consigo a su hijo inmediatamente después de nacer y hacer contacto piel a piel. En el parto se espera que puedan estar presente el padre y las personas que hagan sentir cómoda a la madre. En caso de una emergencia, se deberían poder mantener las mejores condiciones para que bebé y mamá sean separados la mínima cantidad de tiempo posible.

Breastfeeding: la lactancia es una de las mejores maneras en que una madre puede leer a su hijo y aprender a practicar crianza con apego. El ideal es poder establecer la lactancia desde las primeras horas de vida y mantenerla exclusiva hasta alrededor de la mitad del primer año de vida. De ahí en adelante, mantenerla acompañada de sólidos, hasta que mamá y bebé lo decidan. El Dr. Sears propone la lactancia a demanda, sin horarios ni límites de tiempo. Esto no quiere decir que la crianza con apego no se pueda practicar si el bebé no amamanta. Pero es importante que cuando se de tetero se haga de forma amorosa, cargando al niño e imitando en la medida de lo posible ese momento de conexión que se establece entre madre e hijo cuando se amamanta. Me refiero sobre todo a no dejar al bebé tomando el tetero solo mientras la mamá o quien lo esté alimentando va y hace otras cosas.

Babywearing: los bebés que son porteados en un cargador durante varias horas al día son más calmados y permanecen en un estado de alerta tranquila. En sus cargadores, los bebés observan el mundo y aprenden muchas cosas gracias a las actividades diarias de la madre o de quien lo carga. El Dr. Sears dice que cuando uno portea al bebé se vuelve más sensible a sus necesidades. Los bebés aprenden a estar contentos y a confiar en su cuidador, pues siempre está a su alcance.

Bed sharing: el colecho es común entre los padres que practican la crianza con apego, sobre todo durante los primeros meses de vida. Sin embargo, el dónde y cómo se duerme es una decisión de familia y es posible practicar crianza con apego y no colecho, o hacerlo solo algunas noches, o la mitad de la noche. Un bebé suele dormir más tranquilo con la seguridad de su madre al lado y es especialmente útil si se está amamantando. El Dr. Sears está en contra del “cry it out” y del “controlled crying”, prácticas que consisten en entrenar a los bebés dejándolos llorar hasta que aprendan a dormirse solos.

Belief in baby’s cries: el bebé que llora no es un bebé que esté manipulando. Los bebés no son malcriados, sino que el llanto es su lenguaje y por medio de él expresan lo que sienten y quieren. “Crying is a valuable signal designed to ensure baby’s survival and to develop the parents’ caregiving abilities” (6). Las madres, en especial, estamos diseñadas para que el llanto del bebé nos ponga los nervios de punta y queramos ir a cargarlo y consolarlo inmediatamente. Aprender a escuchar el llanto del bebé y a identificar qué es lo que está pidiendo, es una habilidad que un padre que practica crianza con apego desarrolla más o menos en el primer mes de vida del bebé.

Balance and boundaries: la crianza con apego no significa que uno tenga que olvidarse de sí mismo, de sus otros hijos y de su matrimonio. La idea es encontrar el equilibrio necesario para suplir las necesidades propias y de los demás. Los padres que practican crianza con apego deben encontrar momentos para sí mismos, en lo que se re conecten entre sí, y consigo mismos. También deben aprender a pedir ayuda cuando la necesitan (¡y la van a necesitar!)

Beware of baby trainers: finalmente, el Dr. Sears advierte sobre el peligro de los bienintencionados opinólogos que pueden llegar a agobiarlo a uno con consejos de des-apego: déjelo llorar que se le malacostumbra; no lo cargue tanto que lo va a malcriar; los niños tienen que aprender a dormirse solos o no van a dormir solos nunca; dele leche de fórmula con cereal por la noche para que pase derecho; no le de teta todo el tiempo porque la coge de chupo; los bebés deben dormir solos en su cuna desde el primer día porque o si no van a dormir con usted hasta que sean adolescentes; y un largo etcétera. Busque sus propias estrategias para decir no muchas gracias, de manera educada, pero, sobre todo, no se deje crear inseguridades, que quien mejor conoce a su hijo es usted mismo. Además, hay miles de libros que prometen hacer dormir a su niño durante toda la noche con un par de noches de entrenamiento. Tenga cuidado, e investigue un poco más sobre los riesgos del entrenamiento de bebés, antes de decidirse por uno de esos métodos.

Fuente: The Attachment Parenting Book by William Sears, M.D., and Martha Sears, R.N.

¿POR QUÉ NO RECORDAMOS NADA ANTES DE LOS DOS AÑOS?

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Para empezar es importante sabes que hay dos tipos de memorias, la implícita y le explicita.

La memoria implícita es un tipo de memoria en la que las experiencias previas ayudan en la ejecución de una tarea, sin que exista una percepción consciente de la existencia de esas experiencias.

La memoria explícita, es la recolección CONSCIENTE E INTENCIONAL de información y experiencias previas. Resumiendo, sería lo que realmente nosotros llamaríamos recuerdos. Todo aquello que recordamos, ya sea con más o con menos detalle, constituye la memoria explícita.

Y donde se genera ese tipo de memoria? Pues en el hipotálamo que es  la región del cerebro más importante para la coordinación de conductas esenciales; el hipotálamo es el centro de la gestión de nuestras emociones y en función de estas, de nuestros recuerdos. Nuestro cerebro se aprovecha de las emociones fuertes y de los neurotransmisores que se liberan durante la respuesta al estrés, para regular la intensidad con que almacenamos nuestros recuerdos, de manera que los recuerdos que están asociados a una información cargada emocionalmente permanecen grabados en el cerebro. Esta sería la razón por la que recordamos con más facilidad aquellos datos, hechos o experiencias que tienen una carga emocional y afectiva, aquellos que nos han marcado o conmovido.

¿Entonces por qué no recordamos nada previo a los dos años? la falta de madurez del hipotálamo lo que hace que hasta, aproximadamente, los dos años tengamos memoria explicita.

Con esta información pasar ahora si al tema de los berrinches.

BERRINCHES UN CAMINO A LA INDEPENDENCIA Y A LA DEFENSA DE LAS PROPIAS IDEAS. (parte tres)

En el momento en que empiezan el lenguaje y el razonamiento (hacia los 2 años) el niño empieza a tener ideas propias, a saber que es un sujeto diferente del resto (ya empieza a utilizar su nombre o la palabra «yo» para referirse a él) y empieza a querer independizarse (lo que no quiere decir que lo consiga tan pequeño).

El resultado de todo esto es un niño que quiere meter una pieza cuadrada en una redonda porque tiene ideas propias. Que pinta las paredes porque cree que van a quedar más bonitas o que tiene un sentido propio de dónde deben ponerse los verduras antes de comerlos. Y cuando le llevemos la contraria, eso va a provocar un berrinche.

Porque un berrinche no es nada más que un deseo del niño enfrentado al deseo de los padres. Es una idea propia de un niño enfrentada a la idea que tiene el padre sobre cómo hay que hacer aquello. Y el niño, como no entiende lo que pasa, se ofusca y estalla emocionalmente.

Yo no digo que la idea buena sea la del niño; normalmente lo aconsejable suele ser lo que dicen los padres, pero en su rudimentaria forma de empezar a razonar el niño tiene unas razones que son muy importantes para él y las va a defender a capa y espada hasta que no entienda que las nuestras son mejores.

Según la psicóloga Judy Dunn, el aprendizaje que los niños y niñas desarrollan para diferenciar las normas sociales que son realmente importantes de las que no lo son se hace con un mecanismo que se llama transgresión.

Desde los 2 años de edad, saltarse las normas parece el procedimiento adecuado para explorar la realidad normativa de la familia, ya que al hacerlo y observar la reacción de las personas adultas, los niños son capaces de establecer qué normas son importantes, cuáles no lo son y cuáles sólo lo son a veces. Es por eso que, aunque parezca que el niño quiera llevarle la contraria, lo único que está haciendo es comprobar si aquello es tan importante como parece.

Esto nos obliga, como padres, a replantearnos cosas: ¿realmente es tan importante que me pelee cada día con mi hija porque no quiere llevar botas sino zapatillas de deporte? ¿No es mejor que cada uno elija cómo quiere ir vestido? ¿No es mejor cambiar la norma de casa según la cual yo, como madre, tengo que elegir la ropa de todos? Y así se cambian las dinámicas familiares. Aquellos padres que no hayan tenido que modificar en nada sus normas y creencias porque sus hijos les hayan demostrado lo inútiles que eran, es que viven encerrados en un planeta irreal.

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Primero el apego….. después la independencia (parte dos)

Alrededor de los 2 años de edad (si bien puede variar según el niño), la supervivencia del niño está ya más garantizada (se desplaza solo, puede comer casi de todo y con sus propias manos, es autónomo en sus actos más vitales…) y la naturaleza, ¡qué sabia es!, tiene otro plan para nosotros: si al principio era «apegarnos» para sobrevivir, ahora nos prepara para la independencia. Recuerda que sin independencia no crearíamos una familia propia, y eso es básico para el plan reproductor de la naturaleza. La independencia y autonomía supone un largo camino que se va adquiriendo con la edad y a estas edades empezamos de una forma muy rudimentaria.

¿Cómo hace el niño para manifestar su independencia? Pues, dada su edad, es una estrategia muy simple: consiste solamente en negar al otro. Su palabra más utilizada es «no», y resulta fácil de entender, porque negando al otro empieza a expresar lo que él «no es», puesto que aún no sabe realmente lo que «es».

Intento explicarme mejor. ¿Cómo sé yo (niño) que soy otro y puedo hacer cosas diferentes a mis padres? ¡Pues llevándoles la contraria!

Puede que aún no tenga claro lo que voy a ser, pero así sé lo que no soy: yo no soy mis padres; por lo tanto, ¡soy otro!

El único problema es que esto implica un conflicto emocional importante para los niños porque, como los padres no entienden lo que pasa y normalmente se enojan con ellos, notan que se están enfrentando a los seres que más quieren y ello les provoca una ambivalencia de sentimientos. Eso, nada más y nada menos, son los famosos berrinches: una lucha interior entre lo que debo hacer por naturaleza y la incomprensión de mis padres hacia tales actos, que me provoca unos sentimientos ambivalentes («Quiero a mis padres pero ahora los odio»).

En ese momento se dan dos deseos enfrentados y contradictorios: el deseo del niño y el de los padres. Y el niño no entiende por qué («¿Por qué hoy no me dan galletas si ayer me las dieron?»).

Esa ofuscación entre querer una cosa, no entender lo que pasa y el rechazo paterno es la fuente de la mayoría de los berrinches. Por eso, lo mejor es dejarle claro que haga lo que haga siempre le querremos y le comprenderemos, aunque a veces no estemos de acuerdo.

Muchos padres viven esta etapa con mucha ansiedad porque piensan que es una forma que tienen sus hijos de rebeldía, de desobediencia o de tomarles el pelo. Nada más lejos de la realidad. En estas conductas del niño no hay ningún sentido de «ponernos a prueba» ni ningún juego de poder en medio (bueno, a veces los padres sí que se lo toman como tal, pero el niño nunca pretende «desafiar» al adulto, sino sólo hacer cosas diferentes a sus padres).

Si el niño lleva la contraria a sus padres es para comunicarles algo muy importante: «¿Lo ves?, me hago mayor. ¡Yo no soy tú! Puedo querer, desear y hacer cosas que tú no quieres».

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(Ver parte tres)

Entendiendo a mi hijo (primera parte)

Antes de hablar de los famosos berrinches vamos a ver como es el desarrollo armónico de un niño, vamos a centrarnos en específico en el periodo de la comprensión (2 a 4 años).

Es la época en laque se inicia la independencia (a su manera, claro) y es un momento en que pretenden hacerlo todo ellos solos y llevando la contraria. Debemos comprender eso antes de corregir sus actos, puesto que, aunque sean contrarios a nuestros principios, ellos no los hacen para «fastidiar» sino para probar cosas nuevas y experimentar con el entorno.

Este periodo es también el de las berrinches, porque el niño quiere empezar a ser autónomo y se disgusta cuando alguien le coarta sus ideas o su libertad.

Es la etapa en la que el niño va adquiriendo la memoria explícita (hablaremos de ella más delante), aquella que los adultos solemos entender por memoria: la capacidad de evocar un recuerdo, de recordar algo o a nosotros haciendo algo. Por eso ya son capaces de evocar la imagen de su madre aunque no esté y pueden pasar un rato sin su presencia, superando así la angustia de separación tan típica del periodo anterior. Por eso, en la mayoría de los casos, los niños suelen empezar la escolarización entre los 2 y los 4 años.

En este momento el cerebro del niño experimenta un cambio muy sustancial, puesto que finaliza la mielinización del córtex cerebral. El córtex era la parte de nuestro cerebro que se encargaba del  lenguaje, la memoria explícita, el razonamiento y el pensamiento.

Debido a todo esto, suele ser un periodo difícil, y los problemas de comportamiento se disparan debido a la incomprensión de los padres ante un niño con unos razonamientos muy primitivos.

¿Cómo comprender?

Las formas de pensar y de razonar de nuestro hijo están empezando; no pensemos, pues, que las vamos a entender a la primera. Pero si damos unas pistas podremos tolerar mejor algunos de sus comportamientos.

o Estar sin ser.

A los niños de estas edades se les pide que estén en un lugar, pero que no se comporten como niños. Deben estar pero no ser niños. Eso es casi imposible porque aún no son capaces de interiorizar todas las normas de comportamiento que se necesitan para hacerlo. Si usted va a una reunión y quiere llevarse a su hijo, sepa que puede que no se comporte como usted espera y que realice algún comportamiento infantil «normal», como correr, levantar el tono de voz, jugar, etcétera, que a lo mejor usted percibe como mal comportamiento. Nada más lejos: se comporta perfectamente, como lo que es, un niño. Déjele ser un niño mientras sea un niño. Ya tendrá tiempo para hacer de adulto. De hecho, nos pasamos más tiempo siendo adultos que niños.

o Tiempo presente vs tiempo futuro.

Los padres tenemos unas ideas de la educación que queremos dar a largo plazo a nuestros hijos, pero para ellos la idea de «mañana» o «el futuro» puede quedar muy lejana. Los padres que quieren que su hijo coma verdura lo hacen porque saben que les va a beneficiar en el futuro, pero el niño simplemente no la quiere hoy. No entiende el plan nutricional que han elaborado sus padres, sólo sabe qué le apetece más hoy o qué no. Cuando queremos que un niño ordene su habitación lo hacemos porque queremos que en el futuro sepa organizarse; en cambio, el niño no quiere hacerlo hoy, pero quizás no tiene inconveniente en hacerlo otro día. «Nos toma el pelo: hay días en que lo hace y días en que no quiere». No, no es eso, no quiere tomarnos el pelo, aunque es cierto que un día le apetecerá más hacer una cosa y otros no. Él no ve si es una mejora en su futuro; sólo percibe un incordio en el presente. Con el tiempo aprenderá a ver el tiempo futuro y a anticipar lo que se espera de él y a ver qué acciones le van a favorecer más en el futuro.

o La comunicación no verbal.

Lo niños captan con una rapidez y certeza inauditas la verdad o falsedad en las personas. Cuántas veces alguien se ha dirigido al niño mintiéndole: «Tranquilo, ven conmigo que no pasa nada» y el niño no se lo ha creído (y bien que ha hecho, porque lo que querían hacer era llevarlo dentro de una clase sin su madre). Cuántas veces una enfermera que pretende inyectar a nuestro hijo lo ha mirado y con voz de falsete le ha dicho: «¡Ay, qué niño más guapo! Ven que no voy a hacerte daño». Seguramente el niño ha contestado: «¡Tonta!», y la señora se ha sentido ofendida y así se lo dice a la madre, que a su vez regaña al niño. El niño en ese caso no quería insultar a la señora; tan sólo ha visto claramente que mentía y ha pensado: «Queridísima señora, me estoy dando cuenta de que miente, sus movimientos y gestos me lo demuestran, pero usted no sólo piensa que me lo tragaré, sino que si no lo hago me va a inyectar, así que para demostrarle mi desacuerdo con su comportamiento voy a buscar en mi limita do repertorio infantil una palabra que exprese lo que siento. A ver… ¡Ah, sí! ¡Tonta!».

¿Qué palabra puede tener en su repertorio un niño pequeño para estos casos? Pues eso: «tonta», «burra», «déjame en paz» «vete» «No»… Pero el proceso que le lleva a decirla es más complejo y no tiene nada que ver con el resultado.

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